martes, 20 de noviembre de 2012

Hablemos de pedagogía humana: “La vida es el ideal que se persigue”


A través de los años, se ha podido establecer que el verdadero sentido de la vida se encuentra en los logros alcanzados y en el número de responsabilidades y experiencias asumidas efectivamente a lo largo de la misma. Decía una escritora inglesa que “no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único”, cuánta razón tenía Agatha Christie, al referirse sobre el valor de la existencia. Ese sentido único del que ella se refiere, va más allá de los sueños y de las ilusiones y está orientado a ese proyecto de vida del que nos hemos arraigado para lograr.

El sentido se halla en encontrar en cada experiencia vivida, un aprendizaje nuevo y significativo que fortalezca nuestra manera de ver la existencia y del cual surjan oportunidades de crecer como persona y como profesional. Todo esto implica un compromiso moral y social que permita encontrar la esencia de vivir a través de una perspectiva más humana.

Poseer un ideal es como tener en nuestras manos un motor de vehículo, en donde este vehículo representa la vida y asimismo constituye todos los objetivos, las fortalezas, los esfuerzos y todas aquellas acciones que perseguimos para forjar nuestro bienestar, nuestra existencia y nuestro crecimiento.

Ahora pues, perseguir un ideal implica trabajar arduamente por lograrlo y eso genera experiencias. Acciones que resumidamente conciben el sentido de la vida. Si yo deseo ser periodista, para lograrlo debo llevar a cabo una serie de eventos que me van a generar aprendizajes y experiencias que únicamente tienen como finalidad, darle ese sentido a mi existencia.

Desde niños solemos visualizar lo que va significar en un futuro nuestras vidas. Esa concepción desde pequeños empieza a forjar una transformación de la estructura de la misma. Desde un ámbito pedagógico, empezamos a inclinar nuestros gustos, nuestras ideologías y a forjar nuestras vocaciones; es allí en que iniciamos un periodo de aprendizaje que influye directa e indirectamente, en nuestra forma de percibir la vida. Apoyados en nuestras escuelas y nuestras familias, vamos moldeando nuestras ideales bases, construyendo nuestros valores y encontrando una serie de enseñanzas que más tarde y al final de los años, terminaremos entendiendo como “vida”.

Más que motivados por esos ideales de la infancia, emprendemos un ciclo de acciones que nos enseñan a creer. A pensar que lo que deseamos puede llegar a ser posible, a atrevernos a anhelar con mayor empeño y sobre todo a contribuir positivamente con el mundo. Es por eso que esos ideales que perseguimos con ímpetu son las representaciones evidentes e integrales de lo que es la vida. Tal como lo decía Wilhelm von Humboldt, Político prusiano, “Cuanto menos se lleve a cabo, más corta parece la vida”, y es que no sólo transformamos el mundo con las acciones, sino que crecemos a la par de ellas.