A través de los años, se ha
podido establecer que el verdadero sentido de la vida se encuentra en los
logros alcanzados y en el número de responsabilidades y experiencias asumidas
efectivamente a lo largo de la misma. Decía una escritora inglesa que “no se
puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La
vida, en realidad, es una calle de sentido único”, cuánta razón tenía Agatha
Christie, al referirse sobre el valor de la existencia. Ese sentido único del
que ella se refiere, va más allá de los sueños y de las ilusiones y está
orientado a ese proyecto de vida del que nos hemos arraigado para lograr.
Poseer un ideal es como tener en
nuestras manos un motor de vehículo, en donde este vehículo representa la vida
y asimismo constituye todos los objetivos, las fortalezas, los esfuerzos y
todas aquellas acciones que perseguimos para forjar nuestro bienestar, nuestra
existencia y nuestro crecimiento.
Ahora pues, perseguir un ideal
implica trabajar arduamente por lograrlo y eso genera experiencias. Acciones que
resumidamente conciben el sentido de la vida. Si yo deseo ser periodista, para
lograrlo debo llevar a cabo una serie de eventos que me van a generar
aprendizajes y experiencias que únicamente tienen como finalidad, darle ese
sentido a mi existencia.
Desde niños solemos visualizar lo
que va significar en un futuro nuestras vidas. Esa concepción desde pequeños
empieza a forjar una transformación de la estructura de la misma. Desde un
ámbito pedagógico, empezamos a inclinar nuestros gustos, nuestras ideologías y
a forjar nuestras vocaciones; es allí en que iniciamos un periodo de
aprendizaje que influye directa e indirectamente, en nuestra forma de percibir
la vida. Apoyados en nuestras escuelas y nuestras familias, vamos moldeando
nuestras ideales bases, construyendo nuestros valores y encontrando una serie
de enseñanzas que más tarde y al final de los años, terminaremos entendiendo
como “vida”.
Más que motivados por esos
ideales de la infancia, emprendemos un ciclo de acciones que nos enseñan a
creer. A pensar que lo que deseamos puede llegar a ser posible, a atrevernos a anhelar
con mayor empeño y sobre todo a contribuir positivamente con el mundo. Es por
eso que esos ideales que perseguimos con ímpetu son las representaciones
evidentes e integrales de lo que es la vida. Tal como lo decía Wilhelm von
Humboldt, Político prusiano, “Cuanto menos se lleve a cabo, más corta parece la
vida”, y es que no sólo transformamos el mundo con las acciones, sino que
crecemos a la par de ellas.