El internet es vital para el proceso comunicativo, afianza la retroalimentación, varía en su mensaje aunque el canal siempre sea el mismo y todos de una u otra forma, terminamos ejerciendo el rol de emisor y el de receptor.
Ahora pues, al hablar de periodista en suma al concepto de internet, se forja un término que ha provocado un sinnúmero de discusiones, el de “periodista digital”, aquella persona que se convierte en gestor de información en un canal (el internet) que es variado en contenido, pero que el periodista digital entra a modificar entre todos estos, lo significativo de lo irrelevante para aquel individuo que acceda a informarse. El dilema está es en que en este amplio mundo del ciberperiodismo yace uno de los problemas que puede generarse dentro de un profesional en comunicaciones y es que, ¿quién no ha posteado información en la red? ¿Esto nos hace ciberperiodistas a todos? Lastimosamente estos interrogantes han sido objeto de estudios e investigaciones en los que “estar de acuerdo” sigue siendo una contrariedad constante, pues para aquellos que hemos tenido bases académicas de periodismo, sigue siendo una muestra persistente de una realidad ineludible en la que no necesitamos estudiar para ejercer esta labor.
Hoy en día, cuando se empieza a hablar del apogeo del periodismo digital se abre ante nuestra mirada como comunicadores sociales en formación y/o futuros periodistas, un reto complejo no sólo de asimilar sino de perseguir. Este se halla en marcar la diferencia y en imponer la necesidad de que la función del periodista en la red es imprescindible, pues este medio posee la desventaja para la profesión, de generar una libertad de masas, en el que se encuentra el imaginario sobre que la persona que “redacta” bien, puede escribir, informar y denominarse periodista empírico.
| Alejandro Gustavo Piscitelli, filosofo Argentino |
Finalmente, cedo esta conclusión a una frase célebre del filósofo argentino, especializado en los nuevos medios, Alejandro Gustavo Piscitelli, de la que también me siento identificada y en donde afirma que, “La verdad es que yo no creo en nada de lo que me promete Internet o la Web, no creo en la promesa del mundo feliz. Pero pienso que eso no me impide conocer qué son esas tecnologías ni tampoco utilizarlas, lo cierto es que algo muy loco se está generando y nosotros tenemos el privilegio de experimentar ese cambio.”. Y finalmente, ¿dónde estaríamos nosotros sin que existiese este elemento? y mejor ni pensarlo, pues no es muy agradable recordar lo remoto y retrógrado que era el poder comunicarnos.



